Profesorado ante la ausencia de educación sexual en el hogar

niños en clase
Profesorado ante la ausencia de educación sexual en el hogar

Está claro que la responsabilidad inicial de impartir educación afectivo sexual a los menores es de padres y madres por ser los primeros educadores de sus hijos/as.

No obstante, sobre el sistema educativo, también recae parte de la responsabilidad, por cuanto su objetivo general es lograr el desarrollo integral del alumnado. Es imposible hablar de formación integral si se descuida una parte del ser humano; su sexualidad.

Los niños y niñas comparten gran parte del día en la escuela, razón por la que la escuela, con el objetivo de contribuir a una formación integral y siendo consciente de las consecuencias que ha generado el olvido de esta faceta humana, debe colaborar incluyendo la formación en este aspecto vital de todo ser humano.

Muchos padres y madres consideran que la educación le corresponde a la escuela, por lo que se desentienden de su responsabilidad. Otros, quisieran ofrecer formación en materia de educación sexual, pero o no saben cómo hacerlo o creen que en la etapa infantil no es necesaria ni importante.

El profesorado de la etapa Infantil sabe que de 0 a 6 años se constituye la base educativa donde se adquieren aprendizajes sociales fundamentales.

La sexualidad infantil se desarrolla y expresa fundamentalmente a través de la curiosidad (observación, autodescubrimientos, manipulación de sus genitales, fisgoneo o preguntas) y el juego (exploración, imitación e identificación).

El día a día del profesorado está lleno de todas estas actuaciones, solo necesita tener una actitud positiva y abierta que acompañe a niños y niñas en sus descubrimientos y curiosidades.

Con más razón cuando estas necesidades coinciden con los contenidos que deben desarrollar durante su trabajo en el aula: identidad sexual -conocimiento de su cuerpo, identificación y aceptación progresiva de las características propias, aceptación positiva de si mismo-, rol de género, afectividad -identificar y expresar sentimientos propios y de los demás.

El desarrollo de estas capacidades junto con el conocimiento de las características de los niños/as de estas edades, es el requisito necesario para desarrollar una educación afectivo sexual eficiente. Y es precisamente el profesorado de la etapa infantil el que tiene las herramientas en sus manos.

El profesorado tiene una oportunidad única al ofrecer a los niños y niñas respuesta de las preguntas que los padres y madres no responden en el hogar o ya han demostrado a los pequeños que no están dispuestos a responder.

El niño y la niña ya sabe que hay temas que no puede tocar en el hogar, y estoy hablando de niños de 3 años, que ya han visto la actitud de sus padres, estos niños si perciben al profesorado como personas de confianza a quien pueden preguntar, no dudarán en plantear sus preguntas.

Además de poder transmitir a los niños/as actitudes positivas sobre su cuerpo y todo lo relacionado con él. Para los niños/as, el profesorado es un referente muy importante. Para ellos y ellas el profesorado, el padre y la madre, son las personas que más saben en el mundo.

En cuanto al afecto, no cabe duda que el profesorado puede llegar a ofrecerle la seguridad afectiva que muchos niños/as no encuentran en sus hogares.

Finalmente existe un papel que si se desarrolla se podrá lograr un cambio evidente; transmitir información a los padres y madres que oriente su labor educativa.

El profesorado puede tranquilizar a padres y madres comentando que algunas situaciones que se producen en el hogar solo responden a la curiosidad de los niños de 2 ó 3 años (observar y querer tocar sus genitales y los de otras personas en el hogar) y no a una perversidad del menor; que los juegos sexuales -juego de médicos- responde a un afán por conocer la anatomía de los otros, etc. y resaltar la importancia de hablar de la sexualidad en el hogar como se habla de cualquier otro tema. Sugerirle a padres y madres que se ofrezcan para resolver las dudas de los menores, evitando que acudan a otras personas o fuentes.

Con esta actuación, el profesorado está ofreciendo la oportunidad de que padres y madres se responsabilicen y sepan cómo desarrollar la educación afectivo sexual en el hogar.

Si en los años escolares posteriores el profesorado no realiza un trabajo en materia de educación sexual; los padres y madres ya pueden seguir con su labor educativa.

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